Teléfonos
Hace unos meses, el alcalde-senador Gutiérrez comentó ante una pregunta que le hicieron en un foro sobre el gasto telefónico municipal, que, de ser cierto, era una aberración. La pregunta era más o menos la siguiente: ¿Qué le parece que el ayuntamiento gaste en un año 247 000 euros en teléfonos?
Pues bien, este año de 2009 está presupuestado un gasto de 255 000 euros. Esto es: 42 500 000 de las recordadas pesetas. O sea, unos 3 500 000 al mes. O lo que es lo mismo, 117 000 pesetas diarias. Vaya tela.
Pero esto, ¿a quién le importa? Los ciudadanos pagamos religiosamente mientras que nuestros políticos gastan y derrochan. Porque esto es sencilla y llanamente un derroche.
Habría que saber —cosa harto improbable— quiénes tienen teléfonos, quiénes lo mal utilizan, a dónde llaman y cuanto tiempo llaman. A lo mejor llaman a Australia.
En tiempos de crisis, decir que se van a recortar gastos y mantener los telefónicos, eso sí es una aberración de tomo y lomo. Telefónica estará contenta. No sólo hará su agosto, sino que hará todos los meses del año.
¿Quién o quiénes le pone el cascabel al gato? Ningún partido político se ha interesado por saber de estos gastos. ¿Qué es lo que pasa? ¿Se ha pensado lo que se puede hacer con este dinero? ¿Es necesario gastar tanto?
En fin, a lo dicho: Sigan gastando a troche y moche. El pueblo no se entera ni hace por enterarse. Ustedes, los políticos, lo saben. Y estas cosas es mejor que pasen a la caja de los olvidos.